La importancia del lenguaje en la comunicación política

Anda circulando por la red una serie de vídeos (http://www.youtube.com/watch?v=jHjZDIjHpWk   y   http://www.youtube.com/watch?v=j2ArjNg50ws), que dejan en evidencia la falta de seriedad y de respeto de los líderes socialistas a la hora de afrontar temas de máximo interés para los vascos y las vascas. En esas imágenes el personaje, nada más y nada menos que el presidente de los socialistas vascos, Jesús Egiguren, defiende durante dos intervenciones en el Parlamento Vasco la “flexibilidad” de los socialistas a la hora de abordar asuntos como las competencias pendientes del Estatuto Vasco o su posicionamiento respecto a la entrada del Estado español en la OTAN.

Sin ningún tipo de rubor, y coreado por las risas de sus compañeros de partido que avalan y ratifican sus declaraciones, deja claro que son capaces de pasar del blanco al negro, siempre que la situación lo requiera. Esto en si mismo no es grave, porque rectificar es de sabios. Sí lo es el hecho de que sus argumentaciones se desprende que son capaces de decir que algo es negro, aunque sepan fehacientemente que es blanco. En definitiva, que no tienen ningún problema en mentir y en desdecirse cuando la situación o el contexto lo requiera.

Este tipo de actitudes y estilos políticos provocan que hoy en día exista una tendencia simplicadora que identifica el lenguaje político con la mentira, la ambigüedad,  la opacidad. Cuando los políticos lanzan sus discursos lo hacen con el objetivo de llegar a todos los ciudadanos, por eso muchas veces incurren en el uso de un lenguaje coloquial o incluso vulgar, que claramente queda en evidencia en las imágenes de los vídeos. 

El Sr. Egiguren y sus compañeros de partido debieran leer “Retórica“, la obra en la que Aristóteles establecía que un discurso con buen estilo debería caracterizarse por la claridad, la propiedad y la invención. En las desafortunadas imágenes, el presidente de los socialistas vascos evidencia que ni es claro ni mucho menos es capaz de inventarse un argumento que justifique el “donde dije digo, digo…”.

Ante la visión de las imágenes la sensación que al espectador le queda es que “los socialistas no son de fiar”.

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